El broche a resorte muerde el borde del escritorio, el respaldo de la cama, un estante o la tabla de la cabecera. Eso libera toda la superficie que una lámpara de pie ocuparía, que en un escritorio chico es justo lo que falta.
El cuello flexible se dobla y se queda donde uno lo deja, así que la luz apunta al cuaderno y no a los ojos. El interruptor está en el propio broche, al alcance de la mano.
